#YoTambiénIbaAlCervantes

El pasado sábado tuve la suerte de vivir una noche especial. Celebramos una cena-reunión-fiesta de antiguos alumnos del colegio. No es que me haya durado la resaca hasta ahora, sino que es en este momento, domingo a las 8:00 de la mañana cuando he encontrado un rato de silencio para actualizar mi Blog.

Desde aquí, una vez más, quería daros las gracias a todos y todas vuestra presencia y predisposición a pasarlo bien. Agradezco vuestro trato, pero no fue sólo cosa mía, yo sólo ordené un poco las ideas, las puse junto al altavoz de la radio y removí las redes sociales, Roma y Santiago para juntarnos. Sin vuestro boca a boca e ilusión no hubiera sido igual. 80 personas en la cena y muchas más en la fiesta, confirman cómo fue la noche. Mereció la pena el esfuerzo realizado y para mi, poner algo de música después siempre es un placer, ya sabéis!

No sé si os pasó a los demás pero para mí fue como un viaje en el tiempo, como si el patio del colegio hubiera encogido, como si nosotros mismos nos hubiéramos decidido a crecer de repente. Allí estábamos con muchos de los que llevaban la pelota para jugar en el recreo, con muchas que jugaban a la goma o al cementerio. Estábamos deseando que no sonara el timbre. Y no éramos ni más altos, ni más grandes que el día anterior, pero parecía: todos nos comparábamos con ese niño que fuimos tiempo atrás.

Últimamente, nos están minando la moral los políticos corruptos y los macarras informativos. Que si la prima de riesgo, que si acciones colocadas. La Merkel y Bruselas. Y los malditos y bastardos mercados. A mí los únicos Mercados que me gustan son el Municipal y Rosendo. Pero dejemos de echar “Leño al fuego”, pero decir lo que quería. Después de tan malas sensaciones que nos deja el presente, comprobé que es fácil vivir buenos momentos si nos ayudamos entre todos. La reunión de Antiguos Alumnos y Alumnas del Cervantes fue total. Gente de todas las edades, reunida, con algunos de sus profesores y profesoras, recordando batallitas, muchas de ellas olvidadas, otras imborrables. No hace falta gastar mucho dinero para pasar un buen rato. Los recuerdos son patrimonio universal, personale, intransferible y exclusivo de nuestra memoria. Ahí sí que no pueden robar los políticos, manipular los medios ni especular los mercados.

Y me voy, que se me enfría el café, rompiendo una lanza por los profesores. Ellos son y deben ser parte importante de la vida de cualquiera. Que la educación sea vocacional. Que no se pierda el respeto. Que se quiera enseñar. Y que se desee aprender. Porque hay cosas que nunca se van.

El respeto y la educación siempre queda. Aunque cometamos faltas de de ortografía a diario y no nos quite nadie puntos en el dictado. Por cierto, que me hizo especial ilusión un mensaje de un profesor que tuve, diciendo que no podía asistir a esta reunión, pero que no faltaría a la siguiente. El mismo que me quitó 3 puntos por dejarle un boli a una compañera durante un examen. Suspendí, claro. No olvidaré tampoco cuando el mismo profesor, riéndose, me dijo señalando el listón en el examen de salto de altura: “Tú piensa que aquí arriba están las tetas de Marta Sánchez…” Y salté. Y aprobé. Eran otros tiempos y Marta Sánchez, era (y es) Marta Sánchez.

Me acuerdo de muchas más cosas pero si me olvido, siempre podemos organizar una nueva quedada para hacer memoria juntos.